Poniendo a punto a mi mejor amigo

El motivo de mi visita al veterinario hoy no era una pata coja, ni una tos preocupante, ni ninguno de esos sustos que nos ponen el corazón en un puño. No, hoy iba a la clínica de la calle Coruña por algo mucho más sencillo y, a la vez, más importante: una puesta a punto, una especie de ITV voluntaria para mi perro, Breo. Él está bien, corre por la playa de Samil como si no hubiera un mañana y me sigue pidiendo jugar con la misma insistencia de siempre, pero el tiempo pasa para todos y quería asegurarme de que estoy haciendo todo lo posible por su bienestar a largo plazo.

Entramos en la sala de espera, con ese olor característico a limpio y a una mezcla indescifrable de animales. Breo, que ya conoce el sitio, olisquea todo con una mezcla de resignación y curiosidad. Cuando nos toca, Marta, nuestra veterinaria, nos recibe con esa sonrisa que tranquiliza tanto al perro como al dueño.

«No le pasa nada», me adelanto a explicar, mientras Breo se deja acariciar. «Solo vengo a darte consejos para el bienestar de tu perro. A que me digas qué más puedo hacer por él ahora que ya no es un cachorro».

Marta asiente y su consulta se transforma en una charla tranquila, una asesoría de bienestar canino. Lo explora con calma, le mira los dientes, le palpa las articulaciones. «Está hecho un toro», me dice, «pero tienes razón, es el momento perfecto para prevenir».

Hablamos de su alimentación. Me recomienda ajustar ligeramente las raciones y quizás añadir un suplemento de omega-3 para proteger sus articulaciones, sobre todo con la humedad de Vigo, que no perdona. «Piensa que es un deportista, y hay que cuidar la maquinaria», comenta.

Pasamos al ejercicio. Las carreras por el monte de O Castro son fantásticas, pero me sugiere introducir juegos de olfato en casa. «Esconderle premios, usar juguetes interactivos… Cansar su mente es tan importante como cansar su cuerpo, y le mantendrá ágil y feliz».

El último punto es la prevención. Repasamos el calendario de desparasitación, insistiendo en la protección contra el flebótomo, y me da unos consejos sobre higiene dental para evitar el sarro en el futuro.

Salgo de la clínica con la correa en una mano y una lista de pequeños cambios en la otra. No son grandes revoluciones, sino ajustes sutiles en nuestra rutina. Breo trota a mi lado, ajeno a todo, simplemente feliz de estar conmigo. Yo, por mi parte, camino más tranquilo, con la sensación de haber invertido en lo más valioso que tengo: el tiempo de calidad y la salud de mi compañero más leal.