Crónica de un peatón forzoso: mi camino para recuperar el carnet en Vigo

Todo empezó con una carta certificada que esperaba en el buzón. No era una multa más. Era la notificación de la Dirección General de Tráfico: había agotado mi saldo de puntos. La sensación fue un jarro de agua fría. De repente, mi mundo, que se extendía por la AP-9 hasta el trabajo o por la Avenida de Samil los fines de semana, se encogió al tamaño de una parada de Vitrasa. El recuperar carnet de conducir en Vigo se convirtió en mi único y frustrante objetivo.

El primer paso fue asumir la realidad: durante seis meses, sería un peatón. Lo siguiente fue buscar dónde hacer el «curso de sensibilización y reeducación vial». Encontré varias autoescuelas en Vigo autorizadas para impartirlo. Me apunté y, sinceramente, iba con cero ganas, pensando que sería una pérdida de tiempo y dinero. Me equivoqué. Las 24 horas de curso, compartidas con otras personas en mi misma situación, fueron una cura de humildad. Escuchar historias, analizar accidentes y debatir sobre las imprudencias que todos cometemos, casi sin darnos cuenta, me hizo reflexionar mucho más de lo que esperaba.

Una vez completado el curso, llegó el verdadero examen final. Tenía que pedir cita para la prueba teórica en la Jefatura Provincial de Tráfico, en la calle Lalín. Esa mañana sentí los mismos nervios que cuando me presenté por primera vez hace quince años. La sala de espera, el silencio durante el examen… todo era un recordatorio de lo fácil que es perder algo tan cotidiano como la libertad de moverte por tu cuenta. El examen se centra exclusivamente en los temas del curso, así que si has prestado atención, no es excesivamente difícil, pero la presión juega en tu contra.

Afortunadamente, aprobé. El alivio fue inmenso. Salir de la Jefatura con el «apto» bajo el brazo fue como una liberación. Ahora tengo un nuevo carnet con un saldo inicial de 8 puntos, y los valoro como si fueran de oro. Esta experiencia me ha enseñado que las rotondas de Plaza de España o el tráfico de la calle Aragón se ven muy diferentes cuando sabes lo que cuesta poder circular por ellas. He recuperado mi carnet, pero sobre todo, he ganado una nueva conciencia al volante. Y eso, sin duda, es lo más valioso.