La repostería navideña

Ya no soy un niño y la Navidad no significa lo mismo para mí. Con el paso de los años, las fechas navideñas han pasado de ser una época de alegría y emoción a unas fechas un tanto molestas. Antes significaban vacaciones, regalos y echarse más tarde, ahora significan gasto, estrés y echarse más tarde… por obligación. Vamos que la Navidad es un engorro más que una satisfacción. Por eso, este año estoy intentando cargarme de algo de ese espíritu navideño para recuperar las sensaciones pasadas.

Es evidente que por mucho que me empeñe nada volverá a ser como antes, pero lo intentaré. Y lo primero es la comida. Nada como recuperar los sabores añejos para sentir que uno puede oler ese pasado de árboles de Navidad y espumillón.

Mi madre es especialista en numerosos platos navideños, como la crema de cocina, la sopa de marisco y, sobre todo, algunos postres como las casadielles. Se trata de un postre habitual en Asturias que combina una masa de hojaldre con un delicioso relleno de pasta de nueces. Una maravilla si sale bien, y un desastre si no tenemos muy buena mano en la cocina.

Recuerdo ver a mi hermano todas las Navidades partiendo nueces mientras mi madre ponía a punto otros platos de la cena. Yo siempre fui el pequeño, así que colaboraba poco, incluso cuando ya tenía edad para hacerlo…

Con el paso de los años a mi madre le empezó a resultar más difícil abarcar toda la cena de Nochebuena, teniendo en cuenta además que nuestra familia iba creciendo poco a poco… Así que este año, mis hermanos y yo nos hemos planteado preparar la cena nosotros y que ella se tome un merecido descanso, que ya está bien de casadielles.

Cada uno de nosotros nos hemos especializado en uno o varios platos de la cena. A mi hermana le ha tocado, por ejemplo, la crema de cocina. Mi hermano ha elegido la sopa de marisco y mí, el más goloso, me han adjudicado sin pestañear las casadielles. Tengo una gran presión sobre mis hombros, pero confío en no decepcionar y recuperar, de paso, un poco de ese espíritu navideño perdido.

Cuidados diarios de las personas con Alzheimer

Las personas con Alzheimer necesitan de cuidados diarios y constantes. Los familiares, en casa, pueden proporcionarle muchas de esas atenciones, como son el aseo, ayudar a que desayunen o a que cenen o cuidar de que estén siempre limpios y en buenas condiciones.

Además, pueden darles la mejor medicina que hasta ahora se conoce para la enfermedad: el cariño. En su casa, estarán en un entorno que controlan y en el que se sienten seguros, pero el problema es que no estarán recibiendo atención especializada y esta también es vital para intentar frenar el progreso de la enfermedad.

Hay familias que cuando reciben un diagnóstico de Alzheimer tiran inmediatamente la toalla. Creen que ya no hay nada que hacer, que todo está perdido y organizan sus vidas para poder cuidar a su familiar hasta sus últimos días.

Pero esta postura no es la más positiva ni la mejor para el enfermo. Para empezar, hay que buscar ayuda y no echarse encima toda la carga, ya que esa puede ser muy dura de llevar. El Alzheimer afecta a la calidad de vida de la persona y a su mente, pero no es una sentencia de muerte. Alguien con Alzheimer tiene una esperanza de vida idéntica al resto de personas y por tanto, puede haber muchísimos años por delante para luchar con la enfermedad.

No es lo mismo aguantar la enfermedad una persona sola o la familia sola que con ayuda y tampoco es lo mismo el avance de esta cuando hay ayuda especializada que cuando no la hay. Por eso el primer paso tiene que ser buscar un Centro de día para mayores Madrid en el que la persona pueda estar durante todo o parte del día y reciba terapias adecuadas.

De esta manera, la familia podrá seguir realizando su vida normal, con sus trabajos, estudios e incluso vida social. Y la persona mayor estará muy bien atendida, mejor que en casa ya que habrá profesionales que se ocupen de darle tratamientos físicos y mentales adecuados para que la enfermedad no avance tan rápido.

Al acabar la jornada en el centro de día la persona volverá a casa y allí hará su vida normal, estando con la familia, la cual podrá disfrutar de su familiar sin que esto suponga renunciar a su vida. Estos centros suelen tener diferentes horarios que permiten que el mayor esté medio día o el día entero.