Es una de las provincias con más naturaleza y biodiversidad. Un vistazo a las marismas, parques, cascadas salvajes y calas pontevedra ayuda a entender su impacto en el ecoturismo, una modalidad basada en la exploración, el disfrute y el aprendizaje a través de entornos naturales.
Frente al turismo de sol y playa, el litoral pontevedrés ofrece algo más: sus calas proporcionan un contacto más íntimo y directo con la naturaleza, sin el bullicio ni las distracciones que sufren los arenales más turísticos. Un buen ejemplo es Caneliñas, una cala de aguas claras y arenas blancas que ostenta la Bandera Azul. Este galardón también ondea en Paxariñas, O Espiñeiro y otras calas de Sanxenxo.
En la ría de Aldán, las calas de Sartaxens y Pipín brindan un entorno acogedor y resguardado. Sus orillas tranquilas, rodeadas de pinares, invitan a relajarse. En O Grove y otras partes del ‘Caribe Gallego’, destacan A Lanzada y Pedras Negras.
La Xunqueira de Alba recibe el sobrenombre de «pulmón verde» por su proximidad con el centro urbano de la capital provincial. Estas setenta hectáreas de marismas y humedales aprox. albergan senderos idóneos para realizar trekking y ciclomontañismo en plena naturaleza. Para el aficionado a la ornitología, este enclave tiene un marcado interés por la presencia de colonias acuáticas.
La ‘llamada’ de la naturaleza continúa en el Monte Aloia. Las vistas panorámicas de este parque natural de Tui hacen que la visita merezca la pena. Sobresalen los miradores de O Castelo, la Gran Cruz y de Ingeniero Areses, así como la Capilla de San Julián o la muralla ciclópea. Su extensa red de caminos tampoco decepciona al público senderista.
Las escapadas ecoturísticas también se detienen en Fornelos de Montes, concretamente en la cascada o fervenza de Casariños. Sus saltos de agua casi verticales agregan una nota exótica a su entorno, rodeado de una densa vegetación ribereña.