Siempre había soñado con dormir en una isla, rodeado del mar y del silencio, pero sin perder del todo las comodidades básicas. Cuando descubrí que en la isla de Ons existía un camping, supe que tenía que probarlo. No se trataba solo de pasar una noche fuera de casa, sino de vivir la isla de una manera distinta, más auténtica y cercana.
Llegar ya fue una aventura. Tras el viaje en barco desde Bueu, con el viento marino golpeándome la cara y el azul del Atlántico extendiéndose hasta el horizonte, desembarqué en el pequeño puerto. Desde allí, un camino me condujo hasta la isla de ons camping, situado en una zona tranquila, rodeada de naturaleza y con unas vistas espectaculares al mar. Al registrarme, el personal me explicó las normas básicas y me dio algunas recomendaciones para aprovechar la estancia.
Montar la tienda resultó sencillo, sobre todo porque el terreno estaba preparado para ello. Lo que más me sorprendió fue el ambiente: familias, grupos de amigos y parejas compartiendo la experiencia, todos con ese aire de complicidad que surge cuando se acampa. El sonido de las gaviotas, el olor a salitre y la brisa fresca creaban una atmósfera especial que no se encuentra en un hotel.
Pasar el día en la isla fue otro regalo. Caminé hasta la playa de Melide, me bañé en aguas cristalinas y recorrí senderos que ofrecían panorámicas espectaculares. Saber que, al final de la jornada, no tenía que regresar al continente sino que podía quedarme allí, me dio una sensación de libertad enorme.
La noche fue, sin duda, lo mejor. Después de cenar algo sencillo frente a mi tienda, me tumbé a mirar el cielo. Nunca había visto tantas estrellas juntas. La falta de luces artificiales convirtió el firmamento en un espectáculo inolvidable. El murmullo constante del mar fue la banda sonora perfecta para dormir.
Al día siguiente, despertarme con el sol asomando por el horizonte y el canto de las aves marinas fue mágico. Desayunar al aire libre, con el Atlántico de fondo, me hizo comprender que la experiencia del camping de Ons no es solo una manera de alojarse: es una forma de vivir la isla desde dentro, conectando con su esencia natural.
Me fui con la promesa de volver. Porque acampar en Ons no es solo pasar una noche, es llevarse a casa un recuerdo que huele a mar, sabe a aventura y brilla como las estrellas que iluminan su cielo.